Amber, la joven hijastra, entró una vez más en la habitación de su padrastro con ropa provocativa y una sonrisa traviesa, sabiendo que no era la primera vez que cruzaba esa línea prohibida. Le pidió dinero con voz dulce, pero al recibir una negativa, se acercó seductora y le recordó que estaban solos: “Haré lo que quieras… como las otras veces”.
Sin dudarlo, se arrodilló, le sacó la gruesa polla y la chupó con hambre, lamiéndola y masturbándola con ansias.
Después él la penetró profundamente, haciendo que Amber gimiera fuerte de dolor y placer mientras su apretado coño lo apretaba con cada embestida.
Esta vez, como siempre, ella se entregó por completo, arqueando la espalda y suplicando más, confirmando que su cuerpo joven ya era suyo cada vez que lo deseaba.