Pelirroja de mirada intensa, sola, dueña absoluta de su cuerpo y de su ritmo. No necesita a nadie para encender la escena: su forma de acariciarse, de cerrar los ojos y perderse en sus propias sensaciones transmite una energía salvaje, natural y adictiva. Hay algo hipnótico en verla disfrutar sin prisas, como si el mundo desapareciera y solo quedara ella… y las ganas de mirar.