Estoy en el sofá de mi sala, con la ciudad iluminada frente a mí. La vista de la mañana tiene algo hipnótico… y de repente noto movimiento en uno de los edificios de enfrente. No puedo distinguirlo todo, solo sombras, cuerpos, energía intensa. Lo suficiente para encender mi imaginación. El todo se vuelve cálido, lento, provocador. Me dejo llevar por mis pensamientos, por esa chispa que nace al sentirme deseada, observando, fantaseando. Me concentro en mi cuerpo, en lo que me gusta, en el placer de disfrutarme sin prisas, jugando conmigo misma y con mis deseos. Es uno de esos momentos íntimos que te hacen sentir viva, conectada contigo y con la fantasía de compartirlo con alguien más. Y créeme… esto apenas es el comienzo. Lo que viene después será aún más tentador