Me puse mi traje más zorra: un mini vestido blanco tan corto que apenas tapa mis nalgas de MILF mexicana y unas botas negras de tacón que hacen que mi culo se vea aún más gigante.
Mi marido no aguantó ni 30 segundos: me subió la falda hasta la cintura y me embarró toda la pepa bien mojada contra la mesa. Sentí su verga tan dura que me abrió la panochita de un solo golpe, mientras me agarraba las tetas por encima del escote y me decía “cógemerda, dame ese coño casado”.
Cambié a sentarme encima de él en la cama, botas negras bailando sobre sus muslos, y me empecé a brincar con mi culote hasta que se vino dentro de mí y me chorreó la leche por las piernas.