El sol ya estaba más alto y la arena ardía bajo nuestros cuerpos desnudos. La timidez había quedado atrás. Las miradas eran más directas, las manos más firmes y el deseo imposible de ocultar.
El calor del día se mezclaba con el calor de nuestras pieles, haciendo que cada roce se sintiera más intenso, más necesario.
Entre risas suaves y respiraciones agitadas, el juego se volvió entrega. El sudor, la sal del mar y el sol cómplice marcaron el ritmo de una tarde que se volvió pura tentación.
Ya no éramos desconocidos: éramos cuerpos ardiendo, dejándonos llevar por lo que el momento pedía.
Una playa casi desierta, el sol como testigo y una historia que alcanza su punto más caliente…
Así es cuando el sol calienta de verdad.
Ted Bear, Manuel Keny, Elcamarografo, Juanfroe, Bethofrp1
Ted Bear, Manuel Keny, Elcamarografo, DhaniVergara, Juanfroe, Bethofrp1
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