O sea, hay niveles de pendejez, y luego está el Brayan. Resulta que el experto se puso a apostar con su amigo Iker sobre la Fórmula 1.
¿Lo irónico? ¡El pendejo ni carro tiene! (Y no, tu pinche Italika descompuesta no te hace experto en motores, Brayan). Obviamente, se sintió muy Checo Pérez el idiota y, ¿adivinen qué? ¡Perdió!
Lo peor no es que perdiera, lo peor es CÓMO pagó. El muy cabrón me apostó a MÍ.
Así que aquí me tienen, pagando las deudas de mi novio el experto en carreras. Ni modo, me tocó ponerme al corriente con el Iker... y digamos que a él no le incomodó nada venir a cobrar la deuda en especie.