Siempre fui aplicada, pero Anatomía con el profe Ramírez se me estaba yendo de las manos. Después de reprobar el segundo parcial, me pidió que pasara a su oficina.
Cerró la puerta, me miró con esa calma que siempre tenía cuando nos corregía. “Tienes potencial, pero si quieres subir tu nota… podríamos llegar a un acuerdo.”
Lo dijo sin rodeos. Me lo pidió así: directo, al grano. El culo. A cambio de mejorar mis notas. Mi primera reacción fue quedarme en silencio. Luego, lo miré de arriba abajo. Alto, seguro, con esa voz ronca que más de una fantaseaba en clase. Mi cuerpo ya había decidido antes que mi mente.
“¿Aquí mismo?”, le pregunté. Él solo sonrió.
Me dobló sobre su escritorio, como si supiera exactamente lo que hacía. Sus manos grandes recorrieron mi cintura, subieron mi falda, bajaron mi ropa interior con una calma calculada. Su lengua fue el primer contacto, provocador, húmedo. Gemí sin querer. Cuando lo sentí entrar, todo mi cuerpo se tensó… y luego se