Después de un día entero disfrutando en la piscina bajo el sol, mi esposa seguía irradiando un calor que no solo era por el clima. Su cuerpo pedía más, y su deseo se hizo imposible de ignorar. Sin perder el tiempo, respondí a su necesidad con toda mi pasión, y al final, fue mi semen que apagó por completo ese fuego que ardía en su interior.